El verde trae mala suerte en el matrimonio: ¿mito, tradición o simple superstición?

En Francia, algunas casas de moda aún se negaban a principios del siglo XX a confeccionar vestidos de novia verdes. Esta elección se basaba en una creencia persistente según la cual este color atraería la mala suerte durante la ceremonia.

Esta prohibición no es simplemente un capricho o una costumbre local. Es el fruto de un conjunto de códigos de vestimenta y creencias, arraigados en siglos de historia social y religiosa europea.

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¿El verde y el matrimonio: de dónde proviene la reputación de mala suerte?

El verde siembra la confusión. Evoca la esperanza, la fecundidad, pero también la inestabilidad y el recelo. La convicción de que el verde trae mala suerte al matrimonio ha atravesado las épocas, deslizándose de boca en boca, y persiste aún en muchas mentes, aunque la superstición se va desvaneciendo poco a poco.

Históricamente, el color verde ha sido a menudo persona non grata en los matrimonios europeos. En la Edad Media y el Renacimiento, obtener un verde fiable era casi un milagro: los pigmentos derivados del verdet eran a la vez inestables y a menudo tóxicos. Llevar este color equivalía a apostar por un tono efímero, como si la felicidad conyugal estuviera destinada a evaporarse. Michel Pastoureau, especialista en simbolismo, señala que el verde también fue prohibido en las escenas de teatro e incluso en los barcos, considerado demasiado arriesgado, demasiado cargado de presagios oscuros.

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Poco a poco, los códigos occidentales han reforzado esta distancia. Después de la boda de la reina Victoria, el blanco se convirtió en la norma y suplantó a todos los demás colores. Pero el verde ha sabido mantener su parte de fascinación, matizada de ambigüedad. Recuerda la naturaleza, los seres feéricos, todo un pueblo de espíritus invisibles, hadas, korrigans, duendes, que oscilan entre la benevolencia y la malicia. Este cóctel de atracción y temor sigue arraigado. En ciertos territorios, el vestido verde sigue siendo un gesto radical, casi provocador.

En filigrana, esta creencia se ha construido por sedimentación: pigmentos que se desvanecen, cuentos populares, costumbres regionales. El tabú lleva en sí el eco de antiguos miedos, de mitos y de transmisiones orales.

Entre creencias antiguas y costumbres modernas: ¿cómo se ha impuesto el verde como tabú?

El vestido de novia, símbolo actual de inocencia, no siempre ha sido blanco. De un siglo a otro, los estilos y los tonos se han adaptado a las influencias religiosas, sociales y a las costumbres locales. El verde, aunque asociado a la suerte o al renacimiento, se ha visto relegado, sospechado de llevar la inconstancia o la sombra de una maldición.

La fabricación de pigmentos aporta una respuesta muy terrenal a esta exclusión. Antiguamente, el verdet, esencia misma del verde, era inestable y peligroso. Elegir este color era, por tanto, arriesgarse a ver su vestido degradarse, imagen concreta de la fragilidad conyugal. Las supersticiones no tardaron en mezclarse: en los relatos populares, los seres feéricos vestidos de verde, tan fascinantes como impredecibles, hacían pesar la amenaza de un destino incierto sobre quien se aventurara en sus tierras.

Con el tiempo, la preferencia por el blanco ha prevalecido, impulsada por el ejemplo de la realeza británica. El verde, por su parte, se ha desvanecido, aunque sigue presente en el imaginario colectivo. Sin embargo, algunas novias deciden hoy desafiar este legado y optar por el verde, asumiendo hasta el final su deseo de singularidad. A pesar de estas excepciones, la transmisión del tabú se perpetúa en numerosas familias y en ciertas regiones de Francia, testimonio vivo de un folclore donde lo antiguo roza siempre lo presente.

Mujer mayor contando una historia en una casa acogedora

Supersticiones y tradiciones hoy: ¿deberíamos seguir temiendo el verde en un matrimonio?

La superstición aún ronda alrededor de los matrimonios, desde la elección del vestido hasta el paso ante el elegido/a. El verde, durante mucho tiempo sospechado de traer mala suerte, permanece discreto en el guardarropa nupcial. Pero las sensibilidades evolucionan. Cada vez más parejas ven en este color una referencia a la naturaleza, a la suerte o a la abundancia, en lugar de un recordatorio de la inconstancia.

Sin embargo, los gestos supersticiosos continúan acompañando muchas celebraciones. Aquí algunos ejemplos que aún tiñen los días de boda:

  • Evitar cruzar la mirada con su futuro compañero/a antes de la ceremonia, por el riesgo de enfrentarse a la mala suerte.
  • Tomarse el tiempo para elegir la fecha de la boda: algunas regiones mantienen una desconfianza hacia el mes de mayo.
  • Ver un gato negro la mañana de la boda o avistar una araña en el vestido se perciben, en contraposición a las ideas preconcebidas, como presagios alentadores.

La forma en que estas creencias se transmiten depende mucho de los entornos y los territorios. Muchas tradiciones resisten, otras parecen disiparse. Y el verde, poco a poco, retoma su lugar, impulsado por el aliento de una historia colectiva que no deja de hacerlo reaparecer en la escena del matrimonio francés.

Quizás un día llegue en que el vestido verde se deslice sin turbulencias en los cortejos, lavado de toda sospecha. De lo contrario, permanecerá al borde de la leyenda, un guiño persistente a todo lo que el color verde continúa perturbando y encantando.

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